Esta me parece una oportunidad excelente para
contar los hechos que viví sin que nadie me mire raro. Estoy muy agradecida por
haber encontrado esta gran comunidad de gente que cree en lo paranormal.
Les paso a contar mi historia.
Nací y me crié en un lugar de la provincia de
Misiones. El pueblo se llama San Javier.
Viví allí hasta los dieciséis años.
Hasta el día de la fecha, es un lugar muy
remoto. Cada casa está separada por unos cuantos kilómetros y no hay rutas ni
iluminación en las calles. Todo el mundo se conoce.
Yo vivía en frente del río Uruguay. Es un río
muy caudaloso, y cuando llueve, suele crecer mucho.
En ese lugar, había una sola escuela, a la
cual asistíamos todos los vecinos. Yo tenía una amiga inseparable. Cintia era
su nombre. Estábamos juntas todo el tiempo y solíamos hacer pijamadas al menos
una vez a la semana.
Era un mes de Mayo en el que cayeron lluvias
torrenciales. Había sido el peor diluvio en los últimos diez años hasta
entonces. Faltamos a clases dos semanas enteras, ya que no se podía salir. El
río había crecido y era muy peligroso, no solo por las inundaciones, sino que
también porque con ellas llegaban las serpientes.
Cuando retomamos las clases, la directora del
colegio me llamó a su oficina para darme la peor noticia. Cintia había
fallecido. Por lo que se supo, se había escapado en medio de la tormenta para
ir a visitarme, pero la arrastró el río.
Mi mundo se derrumbó. Yo no tenía hermanos,
pero mi vínculo con ella era aún mas fuerte que el sanguíneo. Me dejaron volver
a mi casa. No pude comer ni salir por varios días.
Llegó mi cumpleaños número catorce. Mis padres
me compraron el radio grabador que tanto quería con mucho esfuerzo. Mi amiga y
yo solíamos imaginar que éramos cantantes y nos la pasábamos haciendo karaoke.
A ella le hubiera encantado compartirlo conmigo.
Me sentaba horas en frente del río escuchando
la radio a modo de tributo.
Recuerdo que llegó el día del amigo. Ese día
quise hacer algo especial. Tomé la grabadora y un casette con música que ya
había pasado de moda. Me paré frente a aquella gran masa de agua y comencé a
cantar a la vez que grababa mi voz. Ese era mi regalo para Cintia. Le dejé una
flor en ese lugar y volví a mi casa. Me di un baño ya que hacía mucho calor.
Cuando abrí la ducha y me metí debajo de ella, me pareció escuchar que alguien
me habló. Al cerrar el agua, el sonido desapareció. Sucedió lo mismo dos veces más.
Pensé que era mi madre. Luego, más tarde, repasé la grabación para probar como
salió. Noté que, disfrazado con el sonido del arroyo, había una voz… parecía
ser la voz de Cintia. “Amiga vení conmigo. Te extraño”, decía aquella rara pero
muy clara psicofonía. No tuve dudas de que ese era un mensaje de ella. Me sentí
extrañamente felíz.
Aquello se convirtió en mi rutina. Me iba al
río a grabar mis cantos o el sonido del agua corriendo, para luego escuchar los
mensajes que aparecían.
Comencé a escucharla mientras me bañaba
también. Cuando encendía la llave del agua y me metía debajo de la ducha, me
hablaba. A veces podía comprenderla, pero a veces el sonido era incomprensible.
Todo empezó a cambiar de un dia para otro. La
insistencia de Cintia a través de los mensajes era cada día más fuerte.
"Amiga te estoy esperando. Vení conmigo".
Tenia todas las voces grabadas. Tenia ya una
colección entera de psicofonías.
Fui al rio sin avisarle a nadie. Me saqué los
zapatos y me metí a nadar. Cuando me sumergí, una fuerza me arrastró hacia
abajo. Abrí los ojos y vi que un par de manos me agarraban los tobillos.
"Veni conmigo", me decía. Traté de nadar, pero no podía soltarme de
aquellas manos. Traté de salir a la superficie. Para mi era un hecho que ese
era mi último dia. Un navegante que andaba por allí vió como estaba luchando
por salir a la superficie, y gracias a Dios, me pudo rescatar.
Volví a mi casa y recordé que había dejado la
grabadora a orillas del rio, pero no regresé por ella. Sentí que la situación
había llegado al límite. Me estaba volviendo loca sin darme cuenta.
Decidí abandonar la obsesión que me causaban
esas voces. Sabía que mi amiga lo iba a entender.
Recé como todas las noches, y me acosté.
Al dia siguiente, mientras ordenaba mi cuarto,
noté que había huellas humanas marcadas con barro en todo mi suelo. Seguí el
rastro y me llevaron a un rincón de mi patio. Sobre el césped, estaba la
grabadora. La misma había estado grabando desde que la había dejado para ir a
nadar.
La Reproduje. Se oyó toda la secuencia del
momento en que me estaba ahogando, el rescate del pescador, y luego, se oyó
como algo salía del agua, tomaba la grabadora y caminaba. Sus pasos eran
pesados, y a la vez que caminaba, se quejaba como si eso le doliera. Antes de
que dejara la radio en el piso, oí un último mensaje: "Te voy a llevar
conmigo".
Agarré la radio y la impacté sobre una roca.
Supe que aquello me quería matar. Esa cosa no era mi mejor amiga. Me había
estado manipulando.
Tomé todas las grabaciones y las quemé. Ya no
quería saber nada más acerca de eso. Incluso, tuve problemas para volver a
bañarme, ya que aquella maldita voz volvía cuando caía el agua de la ducha.
Llegaron las vacaciones de verano, y
nuevamente la provincia se vió afectada por lluvias torrenciales. El agua del
río llegó hasta la puerta de mi casa. El agua subió al punto de que ya nos
llegaba a los pies. Estábamos listos para evacuar, cuando aquel par de manos
volvieron para tirarme de los pies y arrastrarme. Eran tan violentas que me
dejaron marcas durante semanas. No había nada más. solo un par de manos
moradas, parecían de un muerto.
Mi mamá gritaba desesperada. Mi papá me sujetó
de los brazos para que aquello no me llevara. Pasaron unos vecinos por
nosotros. Nos subimos a la lancha y nos fuimos tan rápido como pudimos. No
había llegado la inundación al centro del pueblo. Nos quedamos un par de días
en la casa de mi madrina. Cuando cobramos la indemnización del gobierno por los
daños materiales, nos mudamos a Buenos Aires por recomendación de mi terapeuta.
Pasaron los años, y ya puedo hablar de lo que
me sucedió sin que me invada la angustia.
Cierta vez, pasé con mi novio por el barrio de
La Boca, y se me acercó una señora. Me dijo que había una jovencita que me
quería decir algo. Estaba en paz, y nunca me había abandonado. Me dijo que ella
estaba en mis buenos recuerdos. Eso me hizo cerrar aquel capítulo tan amargo de
mi vida.
Mi consejo para todos los oyentes es que
presten atención. Hay seres que no tienen voz propia y se valen de otros ruidos
para comunicarse. Busquen ayuda si alguna vez escuchan una voz en el agua.





